La semana pasada volví a la peluquería para hacerme el habitual saneamiento de puntas después del verano. Mi peluquera, que lleva cuidando de mi melena más de 15 años, se sorprendió de lo bien que la tenía y de la cantidad de nuevos cabellos que estaban creciendo. "No estoy acostumbrada a ver un pelo tan sano en esta época del año", me dijo, antes de preguntarme qué había estado haciendo estos meses para conseguirlo. Confieso que ha sido a costa de muchos ensayos y algún que otro error, pero creo que, después de tantos años, por fin he encontrado mi rutina y los productos para el cuidado del cabello que mejor me funcionan. Hoy quiero compartir los cinco gestos que me han ayudado a mantener el pelo más sano y bonito de lo que hubiese imaginado nunca.
1. La limpieza del cuero cabelludo también cambia en verano
Todas sabemos que elegir un champú adecuado a nuestras necesidades es fundamental en cualquier época del año. Sin embargo, en verano conviene prestar todavía más atención a la limpieza del cuero cabelludo y del cabello. El sudor, la sal del mar, el cloro de la piscina y los restos de protectores solares y productos de peinado pueden acumularse y favorecer la aparición de molestias, especialmente si no aclaramos bien el cabello después de los baños.
Por eso, además de elegir un champú que se adapte a las necesidades de nuestro cuero cabelludo, es importante incorporar un producto purificante para evitar la acumulación de residuos. La exfoliación capilar también puede ser útil en algunos casos, aunque si tenemos la piel sensible, irritada o con descamación persistente, lo mejor es consultar con un dermatólogo.
2. La hidratación del cabello no termina en la ducha
Si hay un paso que no me salto nunca, es el acondicionador. Aplicarlo después del champú ayuda a desenredar, suavizar la fibra capilar y reducir la fricción, lo que facilita el peinado y contribuye a prevenir la rotura. La clave está en elegir una fórmula adecuada a nuestro tipo de pelo: si es fino, podemos optar por una textura ligera que no lo apelmace; si es grueso, seco o rizado, quizá necesitemos una fórmula más nutritiva.
Al salir de la ducha, y antes de secarlo al aire o con secador, también suelo aplicar unas gotas de aceite capilar en las puntas. Es uno de esos pequeños gestos que pueden marcar la diferencia en cómo se siente y se ve el cabello, ya que ayuda a suavizar la superficie de la fibra, aporta brillo y reduce la fricción, lo que puede contribuir a minimizar la rotura. Eso sí, no repara de forma definitiva las puntas abiertas: cuando aparecen, la solución es cortarlas.
3. La protección solar es el paso que lo cambia todo
Me costó adquirir el hábito de proteger mi cabello del sol, pero desde que lo hago de forma constante he notado una diferencia en cómo llega al final del verano. La radiación ultravioleta puede dañar la fibra capilar, favorecer la sequedad y la fragilidad y alterar el color, especialmente en los cabellos teñidos o más claros.
Por eso, además de utilizar productos capilares con filtros UV cuando voy a pasar muchas horas al aire libre, intento recurrir a sombreros o gorras, especialmente en las horas de mayor exposición solar. Y no me olvido del cuero cabelludo: la raya del pelo y las zonas con menor densidad capilar también pueden quemarse, por lo que conviene protegerlas con un fotoprotector adecuado.
4. El protector térmico, un imprescindible antes de peinarnos
Este es otro de esos pasos que ya forman parte de mi rutina. Antes de utilizar el secador o la plancha, aplico un protector térmico adecuado a la herramienta que voy a utilizar, ya que el calor excesivo o repetido puede alterar la estructura de la fibra capilar, volverla más frágil y favorecer la rotura. Por eso, además de aplicarlos correctamente y en la cantidad recomendada, intento regular la temperatura y usar lo mínimo posible las herramientas de styling. No olvidemos que prevenir el daño siempre es mejor que intentar disimularlo después.
5. Los tratamientos semanales también cuentan
Por último, intento reservar un momento cada semana para hacerte un tratamiento capilar en casa (y, si es posible, recurrir a uno profesional al menos una vez al año). Este es uno de esos gestos de autocuidado que deberíamos hacer de una forma más consciente: tómate tu tiempo para elegir una buena fórmula (personalmente, prefiero las fórmulas sin siliconas), utiliza un gorro de plástico o térmico para que el producto actúe en profundidad. Después, aclara y seca... ¡tu melena lo agradecerá! Con el tiempo, notarás que está más suave, brillante y las puntas no se abren.
El sexto consejo sería, en realidad, seguir los cinco anteriores con constancia, ya que el cabello también necesita cuidados y, como ocurre con tantas otras cosas, la clave está en convertirlos en hábitos. Es esa disciplina la que, con el tiempo, marca la diferencia y nos ayuda a mantenerlo sano y bonito. ¡Te lo digo por experiencia!
¿Cuál es ese truco de cuidado capilar que te hubiese gustado conocer antes?
¡Que tengas un día estupendo y gracias por leerme!


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