A veces tomamos decisiones que nos cambian la vida, pero no es hasta que lo haces cuando te das cuenta de su verdadera magnitud. Cuando ocurre para bien, lo único que lamentas es no haberlo hecho antes. En mi caso tengo algunas decisiones memorables y, entre ellas, haberme puesto aparato. No solo mejoró mi digestión (tenía la mordida fatal), sino también mi autoestima, que mejoró muchísimo. Ahora, al conocer opciones como la odontología estética Smysecret he vuelto a pensar en mi propia experiencia y en que, de haber tenido entonces la posibilidad de elegir una ortodoncia invisible, probablemente lo habría hecho.
¿En qué consiste la ortodoncia invisible?
Este tipo de ortodoncia es una opción cómoda para corregir la alineación de los dientes sin recurrir a los brackets. Nada de alambres, de intentar disimular cuando sonríes o de tardarte una eternidad lavándote los dientes porque no llegas bien a todos los rincones. Con los alineadores es mucho más sencillo: te los retiras antes de comer, te cepillas los dientes con normalidad y vuelves a colocártelos.
Esta es, tal vez, una de las partes que más me gustan de este tratamiento: tu vida prácticamente no cambia porque apenas se perciben, incluso a distancias muy cortas (de hecho, hay que ser bastante perspicaz para descubrirlos), y no tienes que lidiar con las llagas que, en ocasiones, provocan los brackets tras los ajustes. Recuerdo que con la ortodoncia tradicional me costaba muchísimo reírme con libertad, tanto que los primeros meses directamente me tapaba la boca. Lo dicho: vida prácticamente normal mientras, poco a poco, este sistema trabaja para conseguir la sonrisa que deseas.
¿Cómo funciona?
El proceso es bastante sencillo. Lo primero es realizar un estudio de la boca mediante un escaneo digital o, en algunos casos, impresiones. A partir de ahí se diseña el tratamiento y se fabrican los alineadores transparentes, que van moviendo y recolocando los dientes de forma progresiva. Cada una o dos semanas, aproximadamente, se cambian por otros para seguir avanzando hacia la posición deseada, siempre bajo el control del ortodoncista, que planifica y supervisa cada ajuste apoyándose en tecnología 3D.
Las férulas, o alineadores, se deben utilizar durante unas 22 horas al día. Para que realicen determinados movimientos, pueden colocarse unos pequeños puntos de composite que ayudan a que se ajusten correctamente y ejerzan la presión necesaria. Esas dos horas en las que no los llevamos corresponden, principalmente, a los momentos en los que comemos y nos lavamos los dientes. Aunque algún día podemos ser un poco menos estrictos (por ejemplo, si tenemos un evento especial), conviene compensar ese tiempo para no retrasar el tratamiento.
Precisamente, la constancia es una de las claves del tratamiento. La posibilidad de poder quitártelos también implica la responsabilidad de volver a ponértelos y respetar el número de horas recomendado. Además, aunque el proceso pueda parecer sencillo, cada caso es diferente, por lo que una valoración previa es fundamental para determinar qué movimientos necesita cada dentadura y planificar el tratamiento de forma personalizada.
Una de las dudas más frecuentes tiene que ver con el precio de la ortodoncia invisible. Obviamente, esto depende de la complejidad de cada caso y de la duración del tratamiento, pero, echando la vista atrás, creo que actualmente el precio puede resultar razonable para quienes se plantean este tipo de tratamiento y merece la pena informarse sobre las diferentes opciones disponibles.
Ahora que tengo a una preadolescente en casa, para quien probablemente tenga que hacerle algún ajuste en la dentadura, tengo claro que esta podría ser una opción muy interesante para ella. ¡Ojalá hubiese existido en mis tiempos!
¿Conocíais esta opción? ¿Conocéis alguna persona que se la haya hecho?
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